Si nos fijamos en el cartel,
podemos apreciar que está incluido por dos grandes actrices del panorama
teatral y televisivo español. Ellas son Bellinda Washington y Miriam Díaz
Aroca. Hace presagiar un duelo interpretativo, el cuál va desapareciendo
conforme transcurre de la obra. Así como “El Duelo” que las protagonistas
mantienen durante el comienzo de la obra, con ropas excesivamente oscuras y que
dan un toque de lugubridad a todo el escenario.
Con el pasar de los actos su
indumentaria torna a colores más vivos, más en concretamente el rojo (color de
la pasión). Ésto permite una compenetración con la actividad de las artistas y
da rapidez a la obra. Ya no son dos mujeres tristes y rotas por la pena, sino
que son mujeres despechadas y con rabia que luchan por todo lo que le
pertenece. El sentimiento de pena hacia el difunto se convierte en otro
totalmente contrario, como es el de la ira.
Historia íntegramente
representada por mujeres, sin embargo, el que más protagonismo crea en la obra
es el difunto (hombre). Sobre todo en el final de la misma, éste es el que une
a las mujeres y las hace compartir hogar para recibir una ficticia herencia. A
su vez es el que las separa, ya que ambas no quieren compartir la herencia.
Esta comedia mezclada con drama utiliza la muerte como un filón para hacer
gracia y ver como los sentimientos más ocultos de las personas salen a relucir
incluso en la más profunda pena.
La acogida del Teatro Riberas del
Guadaíra fue bastante buena, provocando muchas de las situaciones aplausos por
parte del respetable. En el final de la obra se produce un baile acompañado por
la canción “Tómbola”, que logró levantar de sus asientos al teatro y que
tocaran palmas al son de su baile.
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